Ayer cuando me levanté y recordé qué día era (recién cuando llegué a la cocina en donde hay un gran calendario que me trae de vuelta a la realidad), supe que tenía que hacer un post sobre el día de la mujer. Y tenía dos opciones: hacer uno en el que critique sin medidas, pero con fundamentos, ese día que tan comercial se ha vuelto en los últimos años; o hacer uno describiendo por qué amaba ser mujer y la importancia que tenemos en el mundo. Finalmente no escribí nada y dejé que Haru haga todo el trabajo (te la debemos Har jaja). Pero quedó en mi mente el post que pensaba hacer, así que quizas el año que viene, si seguimos con este maravilloso blog, lo posteo.
A lo que iba con todo esto es que, a pesar de que no hice nada productivo para el blog en el día de ayer, hice algo productivo para mi. La semana pasada recibí un mail de la revista
Victoria Rolanda que me informaba de un espectáculo llamado "¡Ay, ellas!" en el Paseo la Plata. No daba mucha información sobre qué trataba, pero tenía una frase que me cautivó y me hizo tomar la desición final:
"Se dice que los hombres piensan en sexo cada 52 segundos. ¿Y las mujeres?". Al instante, corrí a la terraza, donde se encontraba mi mamá pintando el piso y después de asustarla por detrás le comuniqué lo que acababa de leer. Obvio que dijo que sí, re feliz y toda la bola. A ella le encanta que salgamos las dos solas, y tengo que admitir que a mí también.