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domingo

Entrevista

Holaa :) A continuación voy a publicar un cuento que hice hace mucho y que en general fue aceptado por la comunidad lectora que me rodea (?) Aviso, no lo correjí así que puede ser cualquier cosa. Disfrutenlo.

Estás llegando tarde. Corré. No te olvides de respirar. Corré más rápido. Mirá ahí viene el colectivo ¿Tenés las monedas a mano? Bien. Alzá la mano. Con la otra sostenete la pollera, hay viento, no querés que se te vea nada. Pedí 1.20. Están todos los asientos ocupados, pero ahí hay un viejo que tiene una pierna para afuera, seguro se baja en seguida. Parate cerca. Una parada, no se bajó, aguantá un poco. Otra parada. Viejo de mierda. Media hora. El viejo sigue ahí, no tenés lugar, sos una idiota, si te hubieras levantado temprano, te habrías bañado antes y no estarías llegando tarde a la entrevista. Seguro no te toman, vas a llegar toda transpirada y desarreglada, ni siquiera el maquillaje te va a salvar. Necesitan caras bonitas para ese trabajo, es así, es lo que vende ahora. Un par de tetas, un culo firme y una cara de barbie. ¿Y la mente? Se la olvidaron en el vientre de mami. ¿Qué miras viejo verde? ¿Nunca viste a una mujer? Ya falta poco, andá acercándote al timbre, ese viejo se va a babear en los zapatos que te compró tu hermano. Dale chabón, no es de oro el colectivo, pasa tranquilo por las vias. Estos obsesionados por los autos. Bajas en la próxima, esperá a que llegue a mitad d ecuadra y tocá el timbre. Cuidado cuando bajás, no te querés tropezar y quedar peor de lo que estas. Viento, agarrate la pollera. Listo, ahora sólo tenés que caminar dos cuadras y ya llegas. Antes de ir a la oficina pasá por un baño, debés estar hecha un desastre. "Mirá antes de cruzar la calle nena!" Por qué no me chupas...? "Perdón, no te vi" Seguí caminando estúpida, te van a terminar atropellando si seguís así. Ahí está el edificio. ¿Es ese no? Fijate en el papel. Bien, ahora preguntale a la recepcianista dónde está el baño. Qué linda blusa. Qué linda chica, era de esperarse; ojalá esa chica tenga algo de sesos. "¿Me podrías decir dónde está el baño, por favor?" Dejá de masticar chicle pendeja, estas laburando. "¿Qué?" Eso por chatear en el trabajo, inútiles. "El baño" Imbecil. "Al fondo a la derecha, la puerta que tiene una nena" Por dios, mátenla.

miércoles

Una duda corta y concisa

No hay nada que se parezca al placer de llegar a tu casa y sacarte los zapatos que te vienen matando desde hace una hora. Es despojarse de esos malditos y hermosos torturadores recién comprados que todavía no amoldamos. Algo que los hombres nunca van a entender… aunque si tengo que explicarlo en su lenguaje sería como desabrocharse el cinturón que cumple una doble función: sujetar los pantalones y esconder esa gran panza peluda que casi (y digo casi porque odio las generalizaciones) todos los hombres de arriba de los 40 mágicamente desarrollan.
Es increíble ver a mujeres como Susana Jiménez, Mirtha Legrand o Cristina Kirchner manejarse tan bien sobre zapatos que probablemente no usaron más de 4 veces en toda su vida. Es decir, amoldar un par de zapatos lleva su tiempo, sin embargo siempre las vamos a ver con tacos altos y sin curitas en sus pies. ¿Cómo es eso posible? Experiencia, dirían algunos; la calidad de los zapatos, dirían otros. Si me preguntan, no me convencen ninguna de estas dos respuestas, pero todavía no encuentro una solución coherente para este puzzle.

lunes

El mundo desde las alturas

Estamos caminando por la vereda, apuradísimas porque vamos a perder el bondi. Y no es que nos preocupe perder el colectivo, el tema es que un morocho lindo se toma el mismo transporte a la misma hora que nosotras. Jamás perderíamos la oportunidad de verlo de nuevo e intentar que nos fiche, jamás. Pero ese "jamás" se transforma en un "casi nunca" cuando pasamos por la vidriera de nuestros sueños...


Miles y miles de zapatos, de distintos colores, formas, tacos y plataformas. Es el cielo, pero ahí, entre las nubes, los encontrás. El mejor par de zapatos del mundo: stilettos negros, taco aguja de ocho centímetros, con encaje. Amor a primera vista. Desde la planicie de tus chatitas los querés, no, ¡los necesitás! Y mientras entrás te imaginás tu vida sobre esos zapatos. Son tan perfectos que cuando te subís a sus ocho centímetros te estilizas, tenés más cola, caminás más derecha, sos más flaca y tus piernas son una bomba. Obviamente, te los comprás y te los llevás puestos.