A cualquiera le pasó que siempre quiso una mascota. Nunca tuvo la ambición de algo exótico, los primeros sueños van con algún perrito o una adorable gatita. Esto les suele suceder a aquellos que viven en departamentos y los padres se niegan a tener un perro, o le tienen alergia a los gatos, o les da fiaca alimentarlos, o simplemente no les gustan los "bichos". Para los que sufrían por los departamentos, se encontraron con el furor del caniche y resolvieron sus problemas, el resto no sé, ya que yo no tengo ni tuve jamás ese problema.
Mi primer mascota la tuve a los dos años, así que estoy más que acostumbrada a tener un animal en casa. Era una dálmata hembra, pero estaba loquísima: si te la encontrabas afuera de mi casa todo bien, te saltaba te jugaba...ahora, en su territorio, agarráte Catalina. Como de cachorra registró a algunas personas de la familia y después no les hizo nada ya que tenían "permitida" la entrada. Mis viejos no sabían de su comportamiento, y un día mi hermana invitó a una amiga (Mara, el nombre de mi perra, todavía era chiquita, por eso no sabíamos) y a la pobre la siguió hasta el baño, donde se subió a un inodoro en busca de refugio. Se dan cuenta, supongo, de lo brava que era. Ni siquiera te dejaba acercarte a su comida, ¡Era una hambirenta! Siempre estaba cerca de la mesa a la hora de comer a ver si algún boludo (en especial yo) se distraía y le robaba algo. Una vez hasta se comió una pila. Y cuando estaba enferma y no quería comer, no te dejaba acercarte a su comida tampoco, aunque ella ni la tocaba.