jueves

La mujer y su eterna relación con su diario íntimo

No sé por qué las mujeres sentimos esa necesidad de tener un diario íntimo. Todas al menos una vez en nuestras vidas tuvimos uno, o algo que se le parezca. Yo tenía el de Barbie, que usé dos o tres veces para ese fin y después, como todo lo que hago, lo dejé a medias.

En realidad puedo imaginar el por qué, es decir, yo tengo un diario también, ¿no? Es como tener una amiga íntima a la que le podemos contar absolutamente TODO. Lo interesante y lo aburrido, lo que le contamos a nuestras amigas y lo que no. Por supuesto no lo podemos comparar con una amiga, él no tiene el privilegio de poder contestarnos, darnos su opinión o un consejo; pero eso sí, escucha todo sin chistar.


También nos sirve para darnos cuenta de cuánto maduramos. Es genial leer algo escrito años atrás y decir “jaja qué boluda, ¿yo escribí esto?”. Pero creo que la mejor parte es que nos ayuda a recordar; y al leer imágenes que habían sido enterradas en la memoria, sonreimos y dejamos escapar un “cierto” cargado de nostalgia (y a veces acompañado por unas cuantas lágrimas).

Tengo que agregar que, en mi opinión, la mejor época de la vida para escribir un diario es la adolescencia. Cuando creemos que tenemos todo claro, todo bajo control; cuando maximizamos todo, los BUENOS y los MALOS momentos (sobre todo los malos jaja). Sentimos que se acaba el mundo cuando nos damos cuenta de que él se enteró de lo mucho que nos gusta.

Entonces, ya mayores y con un par de arrugas en el rostro, encontraríamos ese tan querido diario en el que dejamos plasmadas tantas emociones. Lo desempolvaríamos con la mano y se formaría en nuestro rostro una sonrisa. Al instante dejaríamos todo lo que estábamos haciendo sólo para leer esas palabras hormonales que fluían de la lapicera sin tener que pensarlas demasiado. Miraríamos a nuestra hija, decorando su diario con lágrimas en los ojos, provocadas probablemente por algún chico que le rompió el corazón. En ese momento, tomaríamos nuestro diario y buscaríamos aquella página arrugada por la humedad de nuestras lágrimas, en la que habíamos descargado toda nuestra angustia juvenil. Nos acercaríamos a esa triste adolescente y le mostraríamos que aunque nosotras también habíamos pensado que se terminaba el mundo, estábamos ahí, acompañándola en ese difícil viaje llamado adolescencia.

2 cerebros dijeron...:

Carola dijo...

la verdad es que una escribe para sentirse acompañada... ami me paso de tenerlo, que comparti desde mis 14 hasta los 16 (cuando me pasaron muuuuuuuuchas cosas) y tuve el mal ogete de que mi vieja me lo agarro, lo secuestro por dos meses y se encargo de difamar mis pensamientos mas privados! jeje
hasta el dia de hoy eso me duele
sera xq mi diario era una parte de mi q senti ultrajarse??

Quinta Mala dijo...

yo empecé a escribir confidencialidades a partir de intercambiarlas de la misma forma, con una amiga. Luego nos grabábamos y también intercambiábamos grabaciones. A mí se me quedó la maña (que ahora sé que es necesidad) de escribir, lo hacía narrativamente como si yo fuera el personaje de la mejor novela del siglo XX -en ese entonces- Ahora sé que, como gran parte de lo que he hecho en mi vida, era producto de mi imaginación y lo que hacía era mi querido diario, sin más.
Un día plaf! Tire el conjunto de diarios que con el esfuerzo de mi vida cotidiana había creado.
No he dejado de escribir, pero cuando llego a la última hoja, irremediablemente: a la basura.
Me gustó su blog.